Imagino, en una muerte repentina de un ser querido, te quedas con las últimas veces que lo viste. Esa es tu despedida. No le pude decir cuánto lo quería, debía haberlo abrazado por última vez, echo de menos su sonrisa, lo que daría por notar su presencia otra vez, y no me pude despedir. Porque de quien vuelves a ver, no te despides.
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