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“ El comportamiento psicológico de estos cantantes castrados era muy diferente según el caso.
Muchos de ellos se sentían felices de su condición, a menudo solicitada como hemos visto, y de los logros artísticos que los habían llevado a una posición social de alto privilegio. Otros, en cambio, la vivían como una frustración y guardaban un cierto rencor hacia la sociedad que lo había permitido, aprovechando sus privilegios y poderosas relaciones para mostrarse caprichosos, intolerantes y autoritarios como forma de desquite.
Salvo en los casos en que el niño había solicitado voluntariamente su castración, la causa de la misma solía serie desconocida, ya que las familias acostumbraban esconder la motivación económica inventando accidentes, enfermedades, etc., que supuestamente la habrían hecho necesaria. Es importante tener en cuenta no solo la corta edad del niño cuando era sometido a la operación, sino también el hecho de que al ser preparado para la misma, era llevado a un estado semi-inconsciente emborrachado con ron, o tomando brebajes con contenido de opio o simplemente sufriendo una cierta compresión de las carótidas hasta provocarle un desmayo. La aplicación de agua helada en los genitales era también una forma muy utilizada entonces para lograr un cierto efecto anestésico.
Como para el desarrollo de la laringe es fundamental el aporte hormonal de testosterona, al ser privados de sus testículos antes del cambio de voz, el mismo ya no se produciría y entonces el castrado conservaba una voz de niño, pero en un cuerpo de adulto con anos de ejercicio vocal y respiratorio por sus intensos estudios de canto. El resultado era una voz aguda extraordinariamente dúctil y flexible como la de un niño, brillante y potente gracias a la capacidad torácica y vocal del adulto sumamente entrenado, y al servicio de un artista educado con el máximo rigor en la expresión musical. Como bien dice Barbier: ‘Todo contribuía a que los “castrati” fueran asemejados a los ángeles en la imaginería popular…”
Información de lamáquinadeltiempo.
“[...] Un capón es un macho castrado.
Durante la castración, la castración quirúrgica de los machos, los testículos de los machos son removidos completamente. Como resultado, el pollo falla en desarrollar ciertas características masculinas o tiende a perderlas si ya se desarrollaron. Los capones son frecuentemente dóciles y callados, faltándoles la disposición de pelear. La cresta y la barbilla dejan de crecer después de la castración, así que la cabeza de un capón se ve pequeña. Las plumas del cuello, cola y plumas de cobertura crecen usualmente largas.
La remoción de los testículos y por lo tanto la eliminación de las hormonas sexuales masculinas que ellos producen reducen el instinto del sexo masculino y cambian su comportamiento. Se convierten en animales más dóciles y menos activos. La energía que normalmente se gasta en pelear, cortejar y protección de su territorio se ve grandemente disminuida, permitiendo una conversión alimenticia más eficiente hacia el crecimiento, acumulación de grasa e incrementar la calidad de la carne.
La castración produce un tipo único de crecimiento de la carne pollo para un mercado especializado. [...]“
(Información facilitada por la Universidad de Florida.)



