De camino al trabajo, después de casi ser atropellado por una joven imprudente, en un semáforo en verde para el peatón, de la cual sólo he podido apreciar un tabique deslumbrante, inmediatamente he pensado en las dos personas que más odio en este momento: mis jefes.
De ello he formulado una teoría estúpida.
¡Nunca te fíes de una mujer nariguda acompañada de un hombre bajito!
Probablemente durante su vida han sido víctimas de infinidad de burlas y complejos irreparables. De ahí su drástica unión. De la cual flora la más despreciable e inhumana crueldad, infantil y cobarde, sutil y, como su origen, irreparable.
Creo que esa es la razón de la crueldad de mis jefes.
Puede que sea una condición necesaria pero no suficiente, o ni siquiera necesaria.
Lo único que sé es que cada vez que vea una situación parecida inevitablemente pensaré en esta pareja que se divierte haciendo sufrir, simplemente, por capricho.


